Lección de Trump: romper esquemas y estereotipos

Son muchos “analistas” y “poli-teócratas” hurgando y dando explicaciones del porqué Trump aplastó a los Clinton, al Partido Demócrata incluyendo al presidente Obama; especialmente aquellos que se burlaban de sus atributos guiándose por su rudeza y tosquedad, lenguaje crudo y directo, propios de una estrategia de campaña probablemente pre-diseñada.
Pero una sola explicación tiene su triunfo: Rompió esquemas y enfrentó estereotipos tenidos como paradigmas del quehacer político exitoso.
Muchos encontrarán justificaciones consoladoras-económicas, sociales, raciales, género, etc- a la derrota sufrida. Otros hallarán, ahora, errores en la campaña de los Clinton: Que trabajó como si todos los residentes en EEUU votaban, ignorando que los indocumentados no lo hacen; que los votantes eran predominantemente caucásicos; que su política migratoria concitó simpatías en los inmigrantes indocumentados y en los que planean inmigrar que no votan pero no en los legales ocasionalmente recelosos de aquellos.
Argumentarán ahora que involucró hasta recostarse demasiado, inusitadamente en la política norteamericana, al presidente Obama; en circunstancia que los problemas raciales se han recrudecido en su administración, que su política con el mundo musulmán nos ha expuesto a una tercera guerra mundial por supeditaciones a la industria armamentista y que su política social no ha tenido los resultados prometidos, concitando en cambio reacciones adversas en importantes núcleos poblacionales.
También podrán decir ahora que se recostó demasiado en el expresidente Clinton y en las estrategias populistas demócratas guiadas por encuestas que miden simpatías, obviando, inexplicablemente, que en el sistema electoral norteamericano es determinante los electores elegidos por estados que los votos.
Todo eso podrá ser cierto, pero no determinante de su derrota.
Lo determinante del triunfo de Trump fue que rompió esquemas y estereotipos: Que los responsables de conducir los pueblos no pueden someterse a filtraciones, interpretaciones y condicionamientos de medios a las simpatías populares. Que las convicciones sobre problemas ciudadanos deben ser denunciados con crudeza proporcional a la gravedad de los acontecimientos. Que las denuncias sobre malos comportamientos, como la corrupción, deben ser crudamente enrostradas. Que hay que desarrugar las complicidades de una burocracia anquilosada, aunque sean militares como la OTAN. Que la globalización y libre comercio enarbolados como excusas de multinacionales tras mano de obra barata no pueden revocar instintos proteccionistas.
Ojalá los políticos del patio, especialmente opositores, asimilemos experiencias del reciente proceso electoral norteamericano y actuemos conforme aquella expresión “al pan, pan y al vino, vino”
Y comprendamos la necesidad de denunciar valientemente a desórdenes imperantes: burocracia hipertrofiada, salarios privilegiados y aumentos graciosos, subsidios improductivos y clientelistas, involucramiento de funcionarios en negocios afines a funciones, supeditación de medios a privilegios gubernamentales, monopolios privados tolerados por gobernantes, etc.

 

Guillermo Caram

 

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